Con el corazón destrozado y un dolor difícil de expresar con palabras, compartimos el fallecimiento de nuestra querida madre, Silvia Gloria Lopez, quien partió al encuentro del Señor el lunes 17 de agosto de 2026.

Para nosotros, ella no fue solamente nuestra madre: fue nuestro hogar, nuestro consuelo, nuestra fortaleza y el corazón de nuestra familia.

Nacida en Acatlán de Osorio, Puebla, México, llevó siempre con orgullo sus raíces y sus tradiciones. Fue una mujer hermosa, femenina y llena de gracia, con un corazón dulce y generoso. Le encantaban las flores, su color favorito era el rosa y apreciaba especialmente los pequeños detalles que hacían que la vida se sintiera bonita y llena de significado.

Detrás de su dulzura había una mujer de extraordinaria fortaleza. Trabajó incansablemente y dedicó su vida a cuidar y proveer para sus hijos. Nunca pidió mucho para sí misma; su mayor felicidad era saber que nosotros estábamos seguros, amados y bien.

Nosotros, sus hijos —Stephany, Roberto, Christopher y Alex—, fuimos inmensamente bendecidos al poder llamarla Mamá.

Nos amó con una entrega incondicional. Nos protegió, nos alentó y permaneció a nuestro lado durante cada etapa de nuestras vidas. Era bondadosa, compasiva y siempre estaba dispuesta a ayudar a quien lo necesitara. Creía firmemente en tenderles la mano a los demás, porque hoy puede necesitar ayuda otra persona y mañana podemos necesitarla nosotros.

Con su ejemplo nos enseñó a ser fuertes sin perder la ternura, a cuidarnos unos a otros, a mantener unida a nuestra familia y a nunca olvidar de dónde venimos.

Su fe fue inquebrantable. En los momentos más difíciles de su vida encontró en Dios la fuerza para continuar y afrontar cada adversidad con valentía. Nunca dejó de creer, nunca perdió la esperanza y permaneció firme hasta el final. Esa fe, junto con su fortaleza y su amor por nosotros, será siempre una parte esencial de su legado.

La Palabra de Dios nos recuerda:

«Las personas buenas mueren; los piadosos muchas veces parten antes de tiempo, sin que nadie comprenda que Dios los está protegiendo del mal que vendrá. Quienes siguen el camino de Dios encontrarán descanso y paz».

— Isaías 57:1-2

Estas palabras nos brindan consuelo. Aunque su partida nos duele profundamente, confiamos en que ahora descansa en paz, libre de todo dolor y rodeada del amor eterno de Dios.

Nos duele saber que ya no escucharemos su voz, que no podremos tomar su mano ni entrar por la puerta y encontrarla allí. Quisiéramos recibir un abrazo más, tener una conversación más y compartir otro día cotidiano con nuestra mamá. Sin embargo, su amor permanecerá con nosotros en cada recuerdo, en las tradiciones que nos dejó y en todo lo que nos enseñó.

Mamá, esperamos que siempre hayas sabido cuánto te amamos.

Gracias por cada comida, cada abrazo, cada oración y cada noche sin dormir; por cada preocupación, cada sacrificio y cada ocasión en que nos pusiste antes que a ti misma. Gracias por regalarnos toda una vida de recuerdos que llevaremos por siempre en nuestros corazones.

También estamos profundamente agradecidos con nuestros familiares y amigos, quienes nos han rodeado de amor, oraciones y apoyo durante este momento tan difícil. Su presencia ha brindado consuelo a nuestra familia y nos ha recordado cuánto fue amada nuestra madre.

CELEBRACIÓN DE SU VIDA

Invitamos cordialmente a nuestros familiares y amigos a acompañarnos en su velorio el jueves 3 de septiembre de 2026, de 5:00 p. m. a 9:00 p. m., en Forest Park Lawndale Funeral Home and Cemetery.

En honor a nuestra madre, les pedimos amablemente que no vistan de negro. Los invitamos a usar colores claros o alguna prenda de color rosa, su color favorito, como una manera especial de recordar la luz, la dulzura y la belleza que compartió con quienes la rodeaban.

La Santa Misa en honor de Silvia se celebrará el viernes 4 de septiembre de 2026, a las 11:00 a. m., en St. Charles Borromeo Catholic Church.

Al finalizar la Misa, nos dirigiremos juntos a Paradise Funeral Home & Cemetery North, donde su sepultura tendrá lugar a las 12:30 p. m.

Invitamos a nuestros familiares y amigos a acompañarnos mientras encomendamos a nuestra querida madre a las manos amorosas de Dios.

Pasaste tu vida cuidándonos.

Ahora nos corresponde llevarte con nosotros: en nuestros corazones, en las tradiciones que nos dejaste y en el amor que nos demostremos unos a otros.

Prometemos cuidar de nuestra familia, mantener vivo tu recuerdo y pronunciar siempre tu nombre con amor.

Hasta que volvamos a encontrarnos, Mamá…

Descansa en paz en los brazos de Dios.

Te amaremos por siempre.

Tus hijos,

Stephany, Roberto, Christopher y Alex

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